"...tengo una alfombra de jornadas y el tiempo hecho pelusa, de tanto enredarse en esa sensación pegajosa de la nada."
Comentario poemado de Noviembre 2008, escrito por J. de la Vega Z+-----[Poemas bajo tu balcón]


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La poesía inocente de Delibes

Siendo yo degustador del silencio aquí encuevado, me despertó el rumor de tanta procesión anticipada, al paso de la santa compaña vallisoletana, y asomándome a mi cueva comprobé que eran lamentos por un hombre de campo, con oficio de escritor, ajeno a blogosfera, ajeno por fin a su entierro y ajeno a mí.

Pero siempre anduve curioso por los escritores profesionales, porque en su técnica descubro mis carencias y si son creadores de personajes como Delibes, intento además adivinar por qué yo existo, mirándome en el reflejo de sus creaciones, porque tal vez allí entre tantas caras y miradas desde un solo hombre, se hallase el común de esta necesidad humana de inventarnos escribiéndonos o soñando en nosotros otros u otros en nosotros o quizás el yo, sin ningún otro que nos estorbe mientras escribimos a los otros.

Para explicarme me fijaré en la figura con la que más me identifico de lo poco que conozco de su obra, porque hay personajes que trascienden y se hacen nuestros incluso en la ignorancia del neófito, pues nos buscan ellos y se posan en el hombro como despiojándonos.

Así dicho, que yo me identifique con Azarías no es casual, e imagino que con el antifaz que visto es casi paso obligado, pues es personaje único donde no solo resuena la letra Zeta, sino además con fuerza el fonema y su marca vertebradora en "Los Santos Inocentes" ya sea con un lirismo poético que turba y a la vez sonríe o como marca humana de dignidad, libertad y justicia, que hiela y paraliza.

Intentaré explicar algo de lo que digo, las primeras palabras del personaje son réplica a su hermana, donde a la ilustración académica que ella deseaba para sus hijos, el tío Azarías respondía "
Luego no te sirven ni para finos ni para bastos", y esa sentencia pontificada por el inocente, no era gratuita en su entorno, como igualmente no lo sigue siendo ahora.
La dignidad y bondad como persona tiene que ir pareja a la academia, sino crearemos formados monstruos dirigentes, carentes de empatía que a su paso sin mirarnos nos derrumban; o sabios ingenieros o peritos que no soportarán el pesar de sus miserias, derrumbándose y derrumbándonos.

Con Azarías el narrador Delibes, se transforma en poeta en fondo y forma, derrama bondad, sabiduría y dignidad en su inocente personaje, y le libera de todos para convertirlo en mesías o metáfora pura, así es ajeno a dar explicaciones y solo actúa, emancipando al hombre y dulcemente humanizándolo.
Azarías se enorgullece de la valentía de El Gran Duque, no noble sino Búho, y desde su primera escena se sabe que el tonto no lo es tanto, y que proclama tener cabalmente un año más que el señorito.

Y sus tareas eran las que él solo se imponía, y si le desplumaba las pitorras a su amo era con las manos orinadas, y de los coches que llegaban a la hacienda con su ayuda siempre se irían faltos de tapones de las válvulas y así acumulaba contra la escasez, contando cuarenta y tres y cuarenta y cuatro y cuarenta y cinco.

Y pin, pianito siempre caminaba hacia el cortijo sin esperar a nadie, delante de los señoritos y señoritas, que por la vereda le seguían riendo sin ton ni son. Porque ellos y ellas, eran desconocedores del secreto de hablar con las aves, de aplacar a los perros con buenas palabras, de llevar la paz al irritado rascando el entrecejo o con vehementes ganas rascar entre las orejas para transmitir la felicidad con un sentimiento pleno.

Pero si se despertaba flojo, o andaba con la perezosa, como él decía, se encamaba en la torvisca o al amparo del madroño, hasta que recobraba las fuerzas, respetando sus tiempos, dignificando su cansancio y su apatía, y apretando aquí o allá, para fertilizar la tierra y el cortijo con su presencia.

Y después del receso, lo primero que hacía era alimentar a su búho o ir sin más permiso que sus ganas, a visitar a los que amaba buscando la compañía de sus sobrinos y así completaba el encuentro y a la caída de la noche, se azorraba mirando las brasas, masticando la nada... para regresar al día siguiente donde el señorito, al romper el alba.
El Azarías, si ya era un ejercicio de poesía en sus repeticiones y en sus tropos, llegando la primavera se volvía poema más intenso y con lirismo desbordante y épica infinita se lanzaba a correr el cárabo, llevándonos sangrantes a recorrer la vida o a tentarla o a temerla o a gozarla, que todo era en uno, porque la vida es eso.

Una poesía que enfrentaba la muerte y calmaba los berridos lastimeros con rascar insistente del índice derecho en el colodrillo de la niña chica, con un oprimir en el pecho y la retórica hermosa de milana bonita.

Con igual ternura lírica el Azarias, "
sentado orilla una jara, en el rodapié, sostenía el pájaro agonizante entre sus chatas manos, la sangre caliente y espesa escurriéndole entre los dedos, sintiendo, al fondo de aquel cuerpecillo roto, los postreros, espaciados, latidos de su corazón, e, inclinado sobre él, sollozaba mansamente, milana bonita, milana bonita".

Y según el señorito Iván se reía del lloraduelos, empezaba a tirar el mismo de la soga que se ceñía a su cuello sin saberlo, aunque yo como lector ya lo sabía, pues el Azarías, fue desde entonces mi inocente justiciero, allí arriba enmascarado en la copa de la encina, mientras mascaba la nada y seguía con tiernos versos el volar de la azurita, repitiendo, milana bonita, milana bonita.

Reconocía Don Miguel Delibes, que si había conseguido universalidad en su obra, era por haber interpretado estéticamente el localismo y con sutiliza haberlo visto. Insinuando que bastaba recordar a Don Quijote.

Yo no sé si Delibes es universal o si hoy su localismo engancha, pero para mí leerle es dejarse llevar por lo digno que contiene la palabra, incluso por los modismo locales que el global sin diccionario desconoce y su poética me hará arañarme con las ramas bajas al correr el cárabo, necesidad primaveral que solo se entiende en la inocencia, mientras seguirá incomprensible a los ilustrados indignos que a nadie sirven, ni para finos ni para bastos.

J. de la Vega Z+-----


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6 esgrimieron la palabra +-----:

Merche Pallarés dijo...

¡Qué glosa más atinada ha hecho de Zacarías de "Los santos inocentes"!
Poesía es... vuesa merced, mi querido Señor de la Vega. A sus pies, M.

Silvia_D dijo...

Un placer perderse en tus letras, zorrito... un gran placer. Me ha encantado leerte, como de costumbre, y escribas, de lo que escribas :))
Besos, desos primaverales ♣

Merche Pallarés dijo...

Vengo a hacer una corrección. Se me cruzaron los cables neuronales que ya no funcionan como debían, y al gran AZARÍAS le he llamado Zacarías. Me arrodillo ante vuesa merced y le pido mil disculpas. Beso sus pies, M.

Gabrielle dijo...

Como siempre, disfruto tanto las visitas que hago aqui, disfruto de cada letra, cada frase y principalmente me nutro de ellas...

Un beso para usted

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Sí le veo yo como Azarías, querido Sr. de la Vega. Me han gustado sus palabras, más que la de muchos articulistas de salón que han salido a hablar de Delibes estos días.
Saludos.

Gelu dijo...

Buenas noches, Señor De la Vega:

He buscado esta entrada suya dedicada a Miguel Delibes, que me gustó especialmente cuando la publicó.

Hoy después de leer las palabras, -del año 1975, del discurso que usted ha seleccionado- he vuelto a ‘la poesía inocente’
Y he visto a Paco el Bajo, arriba; subiendo y bajando una y otra vez las atalayas.
Y he llegado a ver a Azarías, corriendo el cárabo, todo lleno de arañazos, llamándolo buhú, buhú.
Y el cielo se ha llenado de aves, del Gran Duque, de picazas, de gorriones, de cornejas, de águilas, de zuritas, de torcaces, de bravías, de palomos, de perdices, de gangas, de pitorras, de estorninos, de zorzales, de rabilargos, y de urracas. Y luego he escuchado el quiá de la grajilla en respuesta a la cita del inocente Azarías.

Y he visto abrir y cerrar el portón del cortijo.

Y he escuchado a Régula reprender al Quirce: Ae, bonito está eso.
Y a Nieves, aprendiendo las letras, mientras decía al llegar a la “Z”:
Esa letra está de más padre, para eso esta la C.

Mientras, por el aire, se escuchaba el ladrido áspero y triste de la zorra.

Saludos.