Un suspiro escapando entre esos labios
que me incita a volverme casi loco
une al roce que nunca sabe a poco
unos dedos que aciertan siempre sabios
La caricia carente de astrolabios
descubrió cada sueño que yo evoco
cada punto del cuerpo que yo enfoco
evitando al completo los agravios
La mirada y tu mimo necesarios
se unirán en encuentro delicioso
para hallar los placeres más palmarios
y volverme un completo avaricioso
de los goces jamás extraordinarios
si contigo me entrego licencioso
J. de la Vega Z+
¿Dónde no veo lo que a ti te falta?
No puede ser en la forma, porque se manifiesta clásica en versos italianos y acento melódico en el estilo del más clásico soneto.
No puede ser el fondo cargado de metáfora y que en su mejor requiebro sugiere la humana lujuria para hablar de poesía en manos de mi otro, cuando en poemas me recreo.
Y sin embargo falta todo, porque el poema fue un ejercicio constructivo para seguir poêticando y hablar del no-poema. No hubo por lo tanto impulso sincero, ni deseo por escribirlo, ni pasión ni gozo en ello; tan solo el manejo de la técnica para doblegar palabras, y si no fuese mío seguramente no me disgustaría, pero siéndolo, es del todo deshonesto y me dejó vacío con sabor amargo, solo.
Foto: Los labios se mostraron irreales, porque no se puede declamar lo no vivo.
En 40 meses desde que abrí la cueva para guarecer a De la Vega y su alterego, jamás escribí ni un solo renglón, ni dentro ni en balcones ajenos, que no surgiese de mi impulso por decirme por sentirme. A veces, palabras en diálogo con otras-otros, tantas, en soliloquio a corazón abierto, y las más, tejidas entre los personajes que hablan de mi universo fuera y dentro, sin importar el tema.
Con solo la intuida rima empecé versando acompañado por la música, y cada estrofa, cada texto poético o las más clásicas artes a las que con tesón e ignorancia me acerco, conforman lo sentido en estos años como si fuese un castillo de imágenes tridimensionales, que basten ser releídas para sentir lo que sentía, para revivir las infinitas sensaciones que he gozado en cada letra, en la búsqueda de cada gesto, de cada idea y en su palabra escrita (elegida entre miles descartadas).
De hecho, eso continúo haciendo, al acercarme cada cierto tiempo a lo grabado, para gozar con ello, leyéndome y con ello viajando a mis yoes y a mis esencias, a mis sensaciones, a mis ideas en el reflejo de lo escrito por horas, días... donde en cada nueva lectura, aún me asombro, me reencuentro y me renuevo. Pudiendo, a pesar de los años, recuperar lo que sentía y su contexto. No hay texto marcado en mi cueva, con el que no me suceda, excepto en éste último soneto.
Así, que en mis poemas y en cada palabra elegida para mis textos, sin contar el engendro de esta entrada, se asoma mi memoria y mi definición lírica, mi ideal de persona a través de personajes; donde con sinceridad, el irrazonable y razonado yo, marca el camino donde tiendo.
Solo puedo pensar que a todo aquel que escribe le suceda lo mismo que a mí; es decir, que buscará sus palabras para tenerse, retenerse, para sentirse, para explorarse. Porque no hablo solo de un diario online, ni de ensayos sin ensayo, o de incontables posibles poemarios nunca ordenados, sino de un viaje hacia nosotros mismos, partiendo de nosotros.
Pero también sé, que no todo escribiente o escritor piensa como siento, y que habrá algunos o muchos que nunca vuelvan a leerse, y que habrá otros que construyan cadenas de palabras para el consumo del entretenimiento o goce, con suerte de lo bello si fue bello. Aunque mucho me temo, que como me sucedió a mí, en este último soneto hueco, si no es impulso de nuestro yo, nacerá una creación vacía, tan solo, guión rítmico y florida metáfora, pero sin contexto de emociones o deseos que vuelvan ni que envuelvan.
¿Y quién desearía encontrarse a sabiendas, con la creación de su propia nada, aunque poemada?
J. de la Vega Z+










